Enfrentamiento.

Querer versus poder. Querer versus deber. Querer versus creer.

En algún momento todos hemos podido pasar por algo así. El amor es tan grande, donde intervienen tantas cosas, personajes y emociones, que pone en marcha el maravilloso engranaje que supone el cuerpo humano.

El problema es que en mayor o menor medida, en función de cada persona, dos de los protagonistas principales son cabeza y corazón.

A veces se entienden, pero habitualmente tienen una visión antagónica de la misma situación. Una te da razones, otro emociones. Una te frena, otro te empuja. Una te previene frente al dolor, otro te previene del arrepentimiento, de la parálisis.

Mi cabeza dice: “Para, ¿qué necesidad tienes?. Cuidado, hay algo que no ves y pasas por alto, ¿no entiendes que no tiene sentido?. Has vivido muchos años sin él, tienes tranquilidad y estabilidad, ¿por qué buscas problemas?”.

Mi corazón me grita: “Una vez más, no vuelvas a perderlo. Tuviste tu oportunidad y ha vuelto, ¿te vas a negar a vivir? ¿hasta cuándo? Arriésgate, nunca sabes qué puede pasar. ¿Y si es verdad lo que dice, lo que sientes?”.

Y yo mientras, me acurruco en un rincón de mi alma tapándome los ojos y los oídos porque no quiero. No quiero ver, no quiero escuchar, no quiero sufrir. El miedo me atenaza.

Miedo a equivocarme, miedo a dar un paso en falso, miedo a que no sea real, miedo a sufrir una vez más. Porque cuando has pasado por eso, aun siendo consciente de que sacrificas parte de tu vida, te mueves lenta y sigilosamente para no despertar monstruos ni caer en arenas movedizas que te arrastren sin piedad hasta lo más hondo, hasta la oscuridad.

Me pregunto qué tiene que pasar. Qué tengo que hacer para que esto cese. No dejo de pensar, de oír voces dentro de mí que no hacen mas que confundirme, agotarme, ahogarme.

Algunas veces sólo quiero llorar, cerrar los ojos y saltar al futuro para saber cuál es la decisión (sin llegar a saber si sería la correcta o no).

Las más de las veces lo que quiero es tenerte a mi lado, que me abraces fuerte y me susurres “estoy aquí, contigo, a tu lado en esta lucha y no me voy a ir”. Cuando eso ocurre el tiempo se congela, mi corazón y mi cabeza firman la paz, mi cuerpo se relaja y se deja llevar entre tus brazos sin importar qué pasará mañana.

Desconozco cuál será el final del cuento, sólo sé que cuando estás a mi lado es cuando desaparecen mis miedos, mis dudas, mis inseguridades. A tu lado todo se ve de otro color.

Te necesito. Necesito verte, tus besos, tus abrazos. Necesito esa mirada que tranquiliza, ahí donde puedo leer que todo irá bien. Te necesito a mi lado porque viéndote es cuando todas y cada una de las palabras cogen sentido.

Aunque no te lo ponga fácil no me sueltes la mano y, por encima de todo, prométeme que es sincera.

Esa es la clave, sincera. Pase lo que pase, sea lo que sea, que sea real, es lo único que necesita mi corazón para creer.

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1 comentario

  1. Qué escritora maravillosa se perdía el mundo sin ti…
    Eres sensacional, qué bien cuentas la gran batalla de nuestro tiempo.
    Corazón vs Cabeza, cuántas veces la habré librado…
    Gane quien gane, asegúrate de que que ganes tú, y tu felicidad.
    Al final eso es todo…

    Me gusta

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