Las reglas del puzzle

Este juego es fascinante. Miles de pequeñas piezas sin orden ni concierto que parecen no encajarán jamás. Sin embargo todo es empezar…

Primero separar los bordes, fácilmente identificables porque uno de sus lados nunca encajará con nadie.

Segundo, los colores. No hablamos de los básicos, los que todos conocemos, sino cada color con su matiz. No es lo mismo el blanco de la luna que el de los huesos, ni el azul del cielo de verano que el del mar embravecido. Para esto hay que dedicar tiempo, mucho tiempo; mimo, mucho mimo. Es un paso que parece sencillo pero si de verdad te pones, si de verdad clasificas las piezas como deberías y tomas decisiones sobre qué lugar de la mesa de juego tomarán, tendrás que poner mucho esfuerzo y atención.

Tercero, encontrar el momento. Has de saber cuándo comenzar, no puede ser de cualquier manera, tienes que estar preparada para invertir horas en algo que parecerá un pequeño caos. ¿Cuántas veces cuesta encontrar la pieza ideal? Prepárate, sólo entonces comienza a jugar.

Cuarto y fundamental, el lugar. Tienes que desplegar muchas piezas, otorgarles su lugar con cariño y suavidad. La base ha de ser sólida para que ese delicado puzzle no se derrumbe con el primer golpe que pueda recibir. Y por supuesto no olvidar dónde lo exhibirás. Una obra de arte que, además de tener una buena imagen, es reflejo de un proceso de construcción, esfuerzo y dedicación como pocas más pueden serlo.

Siguiendo cada paso lo conseguirás. Generarás una de las obras más bonitas que hayas podido hacer jamás.

Y si todo esto lo traduces y te lo llevas a la aventura que supone vivir, descubrirás que la vida está formada por millones de pequeñas piezas que casan a la perfección. Asegúrate bien de saber identificar la tuya, si no el resultado nunca será el deseado.

Yo sé que mi pieza llegará. Sé cuál es, sé dónde está. Aún hay muchos pasos que todavía tengo que pulir y lo haré sin perder de vista esa pieza entre la multitud. Ojalá ella entendiera que todo lo que hago, aunque sea despacito, es para que encuentre su lugar y quiera quedarse en mis manos hasta el final.

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