Aprendiendo a tejer

Y a sus treinta y tantos tuvo que recordar cómo era eso de tejer.

Sabía hacerlo, lo hizo hace unos 10 o 15 años pero esas alas se habían quedado pequeñas.

Tejería unas nuevas. Más grandes, fuertes y brillantes para que esta vez le llevaran a un buen destino, a un hogar.

Cuando acabara tejería las suyas propias para iniciar también su viaje lamentando que, una vez más, no fuera de su mano.

A veces pasa.

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