Quererse está bien

De un tiempo a esta parte sólo me rodea un mensaje: quiérete.
Nunca os ha pasado algo así? Aquello que parece magia negra no es más que nuestro maravilloso cerebro, se llama focalizar.
Cuando nuestra cabeza presta atención a algo por ser relevante para ti, tu entorno se transforma y parece que no hay nada más que eso en el mundo.

Lo cierto es que eso de quererme nunca se me dio demasiado bien. Todos estos años he vivido rodeada de miedos, inseguridades y fantasmas que siempre han hecho que me deje en último lugar y nunca bien parada.
Todavía no sé si es una exigencia alta o una asunción de que nunca soy (fui o seré) suficiente paran cualquier cosa que me planteo. Sea como sea, no deja de ser algo incómodo y con lo que es difícil vivir porque el error no es aprendizaje y priorizas las expectativas de los demás por encima de tus deseos y necesidades.

Como decía, últimamente no hago mas que escuchar ese mensaje. Está en cualquier canción cuando pongo la radio, esperándome en algún párrafo del libro que leo y, sobre todo, en personas. Y es que parece que los astros de han alineado en los últimos meses (o casi el último año) para recordarme que es mi momento, que ya he pasado media vida pensando en los demás y que todavía tengo otra media para poder cambiarlo.
Tres personas me han acompañado consciente o inconscientemente en este camino, y esos mensajes van haciendo mella en la roca en la que se convirtieron mi cerebro y mi corazón.

Este fin de semana hubo una señal más. Una imagen que llamó mi atención, un texto que no me sorprendió y me llegó por todo lo que os he contado hasta ahora:

Ahí quedó. Unas horas después, jugaba con mi hijo y le pedí un abrazo (es una de las pocas personas con la que me siento realmente yo y no me da miedo pedírselo, sé de buena tinta que jamás me diría que no).
Tirados en el suelo, abrazados, me miró a los ojos y la pregunta salió:

  • cuánto te quiere mamá?
  • muchísimo!
  • y papá?
  • muchísimo!
  • y los abuelos?
  • muchísimo!
  • y tú? Cuánto te quieres tú?

La sensación que tuve cuando vi que mi hijo, lo que más quiero en este mundo, por quien estaría dispuesta a hacer cualquier cosa, no sabía contestar a esa pregunta… es inexplicable.
Ahí me di cuenta de que había algo que no estaba haciendo bien. No podía permitir que se repitiera el cuento.

Nos centramos tanto en que aprendan a escribir, a leer, inglés, tenis, matemáticas, ciencias… Y dónde queda la autoestima? Dónde está la inteligencia emocional? Dónde el aprender a quererse? Sólo así podremos querer (y hacerlo bien) a los demás. Es el único camino para saber qué quieres, para saber decir que no cuando sea necesario.

Es algo tan importante para el ser humano que no entiendo cómo no se incluye en el plan de estudios. Pero si no lo hacen ellos, lo haré yo.
Lo conseguiré, conseguiré que mi hijo aprenda a quererse y a aceptarse. Que sepa que puede fallar porque va a aprender, que tiene que perseguir sus sueños y no los de los demás, que quererse es querer a otros; que si en esta vida tendrá a alguien, será a sí mismo y, por lo tanto, ha de cuidarse.
Conseguiré que la próxima vez que le pregunte, contesten sin dudar “muchísimo también”.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: