Aunque intente recuperarla, nunca lo consigo.
Soy de las que piensan que a los cuarenta comienzas a conocerte. Rompes creencias, cuestionas lo que hasta entonces era una verdad inculcada, pierdes miedos a mostrarte tal y como eres, empiezas a aceptarte y abrazas lo que los demás suelen señalar como defecto.
Llevo unos días pensando en todo y en nada. Recibiendo palabras por todos lados, preguntándome la veracidad de cada una de ellas.
Y es que últimamente he tenido muchas palabras y pocos hechos. Fiel defensora del poder de las palabras, empiezo a darme cuenta de la facilidad con la que las usan algunas personas haciendo que pierdan toda la magia que encierran.
Lo primero que he decidido es que no voy a dejar de creer. Decido seguir confiando en el poder de las palabras porque yo mido su impacto, su fuerza, sus implicaciones. No dejaré de confiar en ellas por el mal uso que hagan otras personas.
Y aquí hace presencia uno de los términos con más potencia e implicación… confianza.
La confianza es el pilar de cualquier relación humana.
El kintsugi es una técnica japonesa que consiste en reparar piezas de cerámica con oro. Destaca la belleza de las cicatrices. Y es que aunque te rompas, puedes volver a construirte integrando esos aprendizajes en tu vida haciéndola incluso un poquito más bonita.
Por desgracia, con la confianza no funciona. Tan fuerte y frágil a la vez, tan potente y tan delicada.
En esta semana de mirar hacia dentro, he descubierto que una vez rota mi confianza no hay vuelta atrás. Todo lo que ocurre y que además está fuera de mi mano me hace dudar, dibuja fantasmas (que por otro lado la experiencia también me ha dicho que en muchas ocasiones son más reales de lo que yo misma quiero creer) y me sumerge en un mundo de tristeza y oscuridad que no quiero para mí.
A mis cuarenta decido aceptar que uno de mis valores es la confianza y que se la pido a quien quiera estar en mi vida tal y como yo la doy. Sólo así puedo ser yo, sólo así puedo recuperar mi fe en las palabras, en un te quiero y te echo de menos.






