Momentos de felicidad

Digo cosas que pienso pero no siento, como que no me importa que te vayas.

Si abro el muro de contención a mis sentimientos e impulsos diría que te pondría contra la espada y la pared una y mil veces, que no quiero más gente alrededor ni cuentas que cierren el momento.
Que quiero esas mismas conversaciones en espacios privados que nos lleven hasta donde llegue la imaginación.

Hay pequeños momentos de felicidad que alimentan tu vida, ayer tuve uno de esos.

Emociones en grises

Emociones…el amor. Cómo se sobrevive a él?

Parece fácil, pero para alguien como yo es todo un reto.

Porque el amor es un sentimiento, una emoción, y en ese terreno el cerebro no tiene el hueco suficiente.

Recopilo información, la estudio, la analizo profundamente y sólo entonces tomo una decisión.

Hasta que me enfrenté al amor. Para empezar, qué es eso del amor? Se puede amar profundamente a tus hijos, a tu familia, a tu pareja, a tus amigos…todo ello es amor, pero tan diferente a su vez…

Hasta que me planteé mi vida simplemente me dejaba llevar. Enterré ese carácter curioso, aquel que me acompañó desde niña haciendo desesperar a mis padres por cuestionarme cada cosa que ocurría.

No hace tanto tiempo que volvieron las cuestiones a mi loca cabecita, incluso me cuestiono mis creencias más profundas (una vez me preguntaron si se podía estar enamorado de dos personas a la vez. Contesté que no, pero ahora no estoy tan segura de ello. Se puede, quizá de manera diferente, de cualidades distintas y no completas como para cambiar tu vida, pero se puede).

Este último año ha sido un año de cambios,profundos cambios más bien. Han entrado y salido personas de mi vida, he recibido mucho más de lo que he dado yhe dado más de lo que he recibido. Porque en las relaciones con otros nada es equitativo.

Ojalá tuviera la capacidad de medir, ahí entra mi cerebro. Ojalá pudiera dar mis ganas y mi tiempo a quien día a día me busca, a veces me siento tan injusta que duele.

Pero esas cosas pasan porque es el corazón quien manda. Dejaré que sigan pasando sin sentirme culpable, tampoco sé qué pasará si lo permito, y es que a veces dar tiempo y compartirlo es lo único necesario para que todo cambie.

Y sólo digo quizá porque, en el fondo, mi parte racional sigue presente en todo lo que hago aunque poco a poco sienta que “me dejo vivir” sin pensar más allá.

En el fondo Magnus Bane tiene razón. El amor es una emoción y las emociones no son blancas o negras. Hay con quien se me eriza la piel con un simple “hola” o un cruce de miradas. Y eso, eso no es razón ni se puede controlar.

Echo de menos…

Echo de menos que sigas mis locuras. Que cuando diga “quiero una foto entre girasoles” tú tengas las llaves en la mano.

Echo de menos salir a bailar como si no hubiese nadie a mi alredor.

Echo de menos soplar un diente de león creyendo que se puedan cumplir de verdad los deseos que vuelan con él.

Echo de menos salir y entrar sin tener que dar explicaciones.

Echo de menos esos planes inesperados, esa llamada de viernes que improvisa un fin de semana en una casa rural con carcajadas, abrazos y pies descalzos.

Echo de menos volar, aunque nunca he tenido esa habilidad, sí he sentido hacerlo.

Echo de menos lo que nunca hice, lo que nunca dije y simplemente esperé.

Lo bueno de tener un hoy, es que siempre estás a tiempo de corregir.

Mañana espero poder decir “echo de menos echar de menos”.

Cartas espejo

Siempre me gustó la lectura. Me ha llevado desde bien pequeña a mundos inimaginables, aventuras fantásticas y a sentir emociones irrepetibles.

Además, en ocasiones tienes la sensación de que aquello que lees lo podías haber escrito tú.

Con Pau Donés me está pasando más de lo esperado, generando esa magia de parecer que conoces a una persona de toda la vida cuando ni siquiera has cruzado una sola palabra con ella.

Esta carta podía haber sido escrita por mí, porque eso de ocultar sentimientos se me da preocupantemente bien…

“Qué sorpresa esta mañana al abrir el teléfono y ver que me habías escrito. Que cómo lo llevo? Pues muy bien. Ya sabes, enredado con mil cosas. Parece que para mí los días son de treinta horas. Estoy contento. El otoño aquí es precioso. Me levanto por la mañana, salgo de paseo. Después ducha, desayuno y me meto en el estudio hasta la hora de cenar. No tengo tiempo para nada. Por cierto, he conocido a una chica: guapa, lista, cariñosa, buena gente… Vamos, como si me la hubieran hecho a medida. A ver si resulta ser mi media naranja! En fin, que no me puedo quejar. Tranquilo y contento. Lo pasé un poquito mal al principio de separarnos, pero vuelvo a estar en forma. Y de corazón deseo que tú estés igual de bien.
Te mando un beso y hasta la vista.

PD. Soy imbécil.
Que cómo estoy? Pues hecho una mierda. Acordándome de ti cada segundo que pasa. Pensando en lo que hubiera podido ser y no fue. Echándote muchísimo de menos. No he podido olvidar ni un milímetro de ti. Tampoco lo he intentado. Sé que lo mejor para los dos es estar separados, que lo nuestro es imposible, pero no sé qué hacer sin ti. Te beso y espero con impaciencia volver a despertarme alguno de estos días y con un mensaje tuyo en el teléfono.
Te amo.”

38

38 razones para presumir de arrugas.

Días buenos y días en los que aprendes. Hoy fue uno de los primeros.

Familia y amigos que están contigo incluso en la distancia. Poca batería pero mucho en el corazón.

Agradezco cada minuto invertido, cada caricia, cada sonrisa.

No sé qué me espera en un año par, pero sí sé que estoy dispuesta a recibirlo con los brazos abiertos.

Matriarcado

Hay días difíciles de definir. Son esos días en los que vives un cóctel de emociones tan grande que desborda tu capacidad de gestión.

Admiro a mi madre profundamente. Con mi abuela siempre tuve una relación difícil.

Parece que el matriarcado domina mi familia y he de ir pensando en mi papel. Hasta ese momento, tengo que aprender a lidiar con una familia difícil, una situación complicada que hace que retorne mi yo indefensa y que emerja la leona que protege a su cria ante una situación que reconoce de peligro físico o emocional.

En momentos así aprendes a valorar lo que tienes. Valoras cada amigo, cada apoyo, cada muestra de cariño y comprendes muchas de tus decisiones vitales.

No hay nada como volver al hogar para aprender.

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