Sin saber cómo ni por qué, a veces ocurre.
Te levantas como cada mañana dispuesta a afrontar un nuevo día. Nuevo por el hecho de que cambia el dígito, avanza el calendario y probablemente identifiques una cana o arruga nueva que ayer no estaba ahí; el resto… el resto es igual.
Mismo tren, mismos compañeros de viaje, misma puerta de la oficina, mismos compañeros de trabajo, mismas tareas, misma vuelta a casa, misma vida…
Aunque parezca que no, eso de la rutina tiene su punto, especialmente para alguien con una mentalidad excesivamente estructurada hasta rozar el TOC.
¿Qué pasa cuando todo eso se desvanece? ¿Qué pasa cuando en tu vida irrumpe algo tan importante y vital que te hace dudar de esa, hasta entonces, maravillosa rutina? ¿Qué pasa cuando te das cuenta de que la vida consiste en vivir y que eso, precisamente, es lo que te falta?
Te contaré un secreto… lo que ocurre es que se abre un mundo nuevo en el que no sabes moverte. Un mundo en el que, a pesar de verlo bonito, te sientes perdida. Quiero imaginar que es una sensación similar a la que puede sentir un neonato. De pronto, lo que ha sido su mundo durante 40 largas semanas, se desintegra a su alrededor y aterriza solo, perdido y desconcertado en un mundo completamente diferente, lleno de estímulos, de luz y de color, de gente que está dispuesta a quererle incondicionalmente y que, sin embargo, vive como una auténtica amenaza. Un mundo maravilloso difícil de digerir desde sus pequeños ojos asustados.

Algo parecido es esto de despertar, de abrir un poco tu mente y probar a jugar a eso que llaman vivir.
Lo políticamente correcto sería decir que es una maravilla, que merece la pena, que es fácil… pero sería mentir. Llegar hasta aquí no es nada fácil. Ha de existir un gran meteorito que impacte cruda y bruscamente en tu vida, algo que fragmente ese hilo invisible que dirige nuestros días automáticamente cuando hemos perdido el control de manera inconsciente.
No, no suele ser un momento agradable. Suele ir acompañado de muchas lágrimas, de dudas, miedos, caídas… Cómo identificarlo es fácil, cómo viste es muy personal. Para unos es una ruptura amorosa, para otros es una pérdida personal, en algunos casos es salud… cada uno tiene el suyo particular, todos completamente respetables e incomparables. A veces caemos en el error de desmerecer el sentimiento de una persona ante una ruptura amorosa diciendo que podía haber sido peor, que hay mucha gente «con problemas de verdad». Odio profundamente esa frase. Los problemas de cada uno son sus problemas y, por lo tanto, hay que tratarlos con todo el respeto y el cariño sea cual sea el origen.
En fin, que me despisto, vuelvo a retomar… ¿dónde me había quedado? ¡Ah, sí! en ESE momento. Cuando lo identificas y lo aceptas parece que ha pasado lo peor, pero realmente es sólo un espejismo. Ahora viene el famoso «¿y ahora qué?«. Aquí está el caos (o «terrevolucionómetro» si conoces mi primer post). Poco más te podré decir de esto porque sí, ahí estoy yo.
Es una fase variable en función de la persona. Sospecho (sin ser un estudio empírico, sólo una experiencia personal) que su duración es inversamente proporcional a la rigidez de tu mente. En mi caso, por suerte o por desgracia, se trata de una mente diamante (y, desgraciadamente, no por su valor sino por su resistencia y dureza). Ha pasado más de un año, sigo inmersa en ese huracán emocional y ni siquiera creo que esté cerca de alcanzar su ojo, esa zona que dicen es la más tranquila dentro del huracán, así que imagina el camino que me queda para salir.
Doy vueltas descontroladas. Siento el vértigo haciendo que se erice cada poro mi piel, mi cabeza y corazón son una coctelera de pensamientos, emociones, sentimientos, normas y «debes de» que se agitan incansables sin permitirme dar un sabor concreto a mi vida.
Pero sé que, como me enseñó hacie tiempo un amigo (gracias M, no te puedes imaginar lo que me ayudaría tu frase sin saberlo) «esto también pasará«. Dónde acabará no lo sé, pero se verá. Lo que me llevo es una sacudida que me ha recordado lo importante que es vivir y no sobrevivir, un vuelco que me ha puesto frente a personas y situaciones que jamás me habría planteado, un temblor que me ha empujado a dar pasos nunca imaginados… pasos de los que no me arrepiento y sobre los que quiero seguir hasta descubrir dónde me llevan.
Y ¿por qué te cuento todo esto?, te preguntarás… Porque a veces ocurre y pocas veces estamos pendientes. Abre los ojos, las manos, los oídos… levanta la vista del suelo, del móvil, del ordenador y vive. Ten en cuenta a la vida y sus señales.
No es un camino fácil pero sí es un camino bonito.
A veces pasa, a veces un mensaje cambia un rumbo, a veces te reencuentras con un pasado que jamás enterraste. A veces, sólo a veces, somos conscientes de nuestras emociones dormidas. Despiértalas, sentir es maravilloso.
Eres increíble…
Qué envidia sana… de tu forma de escribir.
Las musas que me dejaron… te están haciendo el amor a ti.
Vuela libre, y jamás olvides…
que ya siempre tendrás mi mano cerca.
Ya no te la volveré a quitar nunca más…
Me gustaMe gusta