Presentimientos

Presiento que va a ocurrir. Por si fuera así y teniendo en cuenta lo que te pueda costar, te lo voy a poner fácil, porque te quiero.


Te pedí que no hablaras hasta que vivieras. Algo me dice que la llama revive y supondrá un nuevo paso atrás.

A pesar de la distancia, de las dificultades, tu corazón sabe a dónde va. Me lo dijiste en varias ocasiones, intenté no escuchar y, lo que es peor, lo intentaste tú. Pero ambos sabemos que hay cosas contra las que es imposible luchar.

En una ocasión lo escribiste: «En el verdadero amor no manda nadie; obedecen los dos.»

Porque ella es tu hogar y yo soy tu accidente. Ella, tu paleta de colores el mismo día que a mí me podrías asustar queriéndolo todo.

Porque yo te sigo con la esperanza de reconocerme en algún momento en tus letras y fotos o, lo que es lo mismo, en tus pensamientos y sentimientos. Duele descubrir un día tras otro que no es a mí a quien hablas, a quien extrañas, y lo veo aunque prefiera mirar a otro lado.

Porque he añorado un «buenos días», «buenas noches»o «me acuerdo de ti». Porque tú siempre vas delante y no giras tu mirada para descubrirme a tu lado, porque tú me tienes atrás.

Presiento que si la situación fuera diferente, si las dos estuviéramos cerca, no habría dudas ni corazón dividido.
Presiento que ha llegado la hora de asumirlo.

Porque no ayuda que me suba en tu tiovivo particular que da vueltas y vueltas, que cambia de dirección sin avisar, que lo quiere todo pero no del todo, y aunque no esté en posición de pedirlo, no puedo evitarlo.


Con pena y mareada creo que tendré que bajar, quizá aligerar ese peso consiga que funcione mejor.
Disfruta del viaje, quién sabe si el siguiente será el mío… el nuestro.

Ojalá no tuviera presentimientos, ojalá no los tuviera sin el «pre» para que no dolieran.

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