Si me preguntasen qué palabra querría ser, no buscaría una bonita, exótica, ni siquiera larga. Me quedaría con tan sólo cuatro letras. Y es que a veces, las cosas pequeñas pueden ser grandes (y esto lo escriben 160cm de estatura).
No existe una palabra más poderosa que el «pero». Podríamos pensar en el «amor» que todo mueve, incluso en el «yo» que tanto hay que cuidar. Pero ninguna de ellas es capaz de anular todo lo que le precede.
Y es que el «pero» es tan peligroso como poderoso y, sin embargo, la usamos en nuestro día a día sin importancia, sin piedad, sin ser conscientes del proceso psicológico que sí se activa de manera inconsciente en el otro cuando la decimos.
Ojalá pudiera ser un «pero» consciente. Ojalá ser rotunda y segura como un «pero». De ser así, puede que decidiera retirarme y dormitar hasta la eternidad para evitar dolor, miedo e inseguridad.