Echo de menos que sigas mis locuras. Que cuando diga «quiero una foto entre girasoles» tú tengas las llaves en la mano.
Echo de menos salir a bailar como si no hubiese nadie a mi alredor.
Echo de menos soplar un diente de león creyendo que se puedan cumplir de verdad los deseos que vuelan con él.
Echo de menos salir y entrar sin tener que dar explicaciones.
Echo de menos esos planes inesperados, esa llamada de viernes que improvisa un fin de semana en una casa rural con carcajadas, abrazos y pies descalzos.
Echo de menos volar, aunque nunca he tenido esa habilidad, sí he sentido hacerlo.
Echo de menos lo que nunca hice, lo que nunca dije y simplemente esperé.
Lo bueno de tener un hoy, es que siempre estás a tiempo de corregir.
Mañana espero poder decir «echo de menos echar de menos».
