Un año. Ha pasado más de un año desde el último concierto de Marwan, ese que compartimos.
Casi un año desde que te propuse que fuéramos a uno de Luis Ramiro sin conseguirlo.
Hoy he cerrado el ordenador cansada, con poco ánimo y mucha mala leche; dejar de fumar tiene sus «peros».
Abrí Instagram y no encontré nada nuevo. Me fui a Facebook sin esperanza y ahí estaba… D.F. te ha etiquetado.
Me genera mucha curiosidad, tú nunca te diriges a mí en Facebook; tenemos otras muchas vías más cercanas para hablarnos.
Cuando hago «click» ya empiezo a sonreír. Es el primer videoclip de Luis Ramiro.
Estoy en la bici para quemar energía y buscar esa paz que últimamente me cuesta encontrar, quizá por falta de interacción, por falta de mi gente entre la que sin duda te encuentras.
Me dejo llevar unos minutos por su música, aprieto piñones porque necesito quemar el torbellino, sonrío sin parar durante esos 303 segundos que saben q gloria pensando en qué habrás sentido al escucharlo por primera vez, deseando hacerte un interrogatorio que desemboque en un «sí, vayamos al concierto!».
Cuando me quiero dar cuenta, ya no siento las piernas. Una canción en bucle es peligrosa porque te lleva a perder la noción del tiempo.
Lo primero será llamarte, no aguanto más la espera y la curiosidad me mata.
Te quiero amigo! Sé que necesitas tu tiempo, pero también sé que eso que has hecho es tu manera de decir «te escucho».
Soy afortunada, tengo buenos amigos cerquita, de esos que no hacen ruido pero asoman cuando lo necesitas, aunque ni siquiera tú lo sepas.